Sinfonía no. 37… Bodas de Piedra


Dulce y armoniosa melodía describen las notas musicales de esta trigésima séptima sinfonía, compuesta por el afamado maestro “amor eterno”. En esta entrega, el maestro se ha valido de la solidez de las piedras, invocando bemoles que presentan una pieza natural y con elevada consistencia, características propias de los granizos.

En su primer movimiento captura la unión de dos almas en lazos matrimoniales representados por vibrantes trompetas que exaltan el inicio de un largo recorrido. En los próximos cuatro movimientos, los violines describen el encauce de arroyos que fortalecen las raíces de la natura.

El quinto movimiento es una animada reunión familiar, en Allegro. En algunas partituras figura como “regocijo” o “engrandecimiento de la familia” y el compositor va contándola melodía a melodía. Es el movimiento más intenso y mágico de toda la sinfonía y aun no ha sido terminada su escritura. Es lo más cercano a la bendición del Señor que alguna vez haya sido compuesto; los violines tocan su más aguda y singular acústica buscando escalar a las grandes notas… en acompañamiento de los violines, las flautas y clarinetes soplan a todo viento respeto, admiración y amor sostenido, tanto en las notas altas como en las bajas…

Es todo un orgullo para mí, para mis hermanos y nuestros hijos, ser parte de esta sinfonía… encontrarnos en primera fila con las manos en alto esperando para desplegar más aplausos es sencillamente pura melodía… Como roca eterna e imperecedera continua siendo interpretada, pasando así a nuevas escalas en cada nota tocada...

Bravo!! Bravísimo!!
Wennebil, agosto/15/2010

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